Parece que la vida laboral es tan pero tan injusta que la broma de “te invitaron a formar parte de otra organización” nos la compramos durísimo y entonces hoy a nadie lo corren por inútil, tranza, huevón o ineficiente.
Ahhh ese es uno de los grandes misterios de la humanidad, NADIE dice “a mi me han corrido por impuntual”, “a mi me corrieron por huevón”, “me corrieron por tranza”, “me corrieron por malo”…
..Sin embargo, son familiares y pintorescos los “me corrieron porque”:
- En esa empresa va de mal en peor, sólo toman malas decisiones
- La compañía no valora todo lo que le he dado
- Mi jefe es un; idiota / bruto / inexperto, etc.
- Nunca le caí bien a mi jefe o (versión ardida) la traía contra mi
- Hubo recorte y yo era el más caro
- Es que mi jefe sintió miedo, sabía que le podía “tumbar” el puesto
Y así podríamos hacer un diccionario.
El problema no son las versiones, el problema es el resentimiento de quien forma parte de “la estadística” (de desempleados), mismo que arma y se compra su propio speech para evidentemente no ser juzgado, lograr recomendaciones y un nuevo trabajo porque en el que estaba jamás pudo enmendar sus errores ya que (para lo que he visto) la mayoría se entera el día del despido y muchos muy “por encimita”.
Es más, ese resentimiento (porque no es bonito desde ningún ángulo un “gracias por participar”) hace que en el momento del adiós nadie pida, es más, exija unas razones que le hagan ser menos bruto o tener mejor desempeño pa’ la otra (en perspectiva del que corre).
Entonces muchos llegan a nuevas empresas, con las uñas de fuera, cero compromiso porque “al fin te corren en cualquier momento y yo ya aprendí”, con menos credibilidad, etc. así se pone la cosa muy deprimente y lamentable (pianito-melancólico de fondo), lío que se monta maravilloso y nunca acabamos.
Ahora, no dudo que haya personas más honestas consigo mismas, que lo asimilen de la mejor forma, trabajen sus “areas de oportunidad” (familiar ¿eh?) y le den vuelta a la página.
Al final, creo que si somos laboralmente más comprometidos y honestos, las catástrofes se evitan y las empresas se ahorrarían una lana con los despidos.
Si como jefe evalúas periódicamente y encuentras el talento para decir “Mire Gutiérrez encuentro de gran valor esto y encuentro una oportunidad en su desempeño en esto otro y una enorme deficiencia en aquello, entonces dígame ¿cómo le hacemos?, yo como su jefe me comprometo a esto y me gustaría escuchar cuál es su compromiso y en cuánto tiempo veremos cambios…” bueno, algo así pero PREAPARADO para cada empleado.
Hay ya sé, da toda la flojera, hay quien tiene 100 o más personas a su cargo inmediato, bla, bla, bla… pero si lo que no quieren perder es tiempo, entonces inviértanlo (aaahh ¿verdad?) en una sana evaluación periódica, así dejarán de perder el tiempo de verdad, de ese que genera resultados, el que crea un grupo eficiente, ese que genera respeto profesional, el que motiva, porque además se siente muuuuuy bonito ser escuchado… Si eres jefe pregunto ¿has corrido a alguien por huevón?” si la respuesta es si, dime que no has pecado de lo mismo por no evaluarlo.
Es como con los amigos, uno dice y aguanta respuestas, consejos, etc. y esas cosas maduran las relaciones. No dije “es como el matrimonio” para que no se espanten y tardemos 15 cuartillas más.
Que bueno es saber que hace uno bien y mal, en perspectiva de otro (laboralmente hablando).
¡Pero evaluar con todos los… ánimos!, no de esas evaluaciones de palomitas y tachecitos y pláticas de 10 minutos pa’ “cumplir con el requisito” y que no dejan nada a nadie. O peor, evaluar diciendo “Gutiérrez (¡ah! pobre Gutiérrez), ahí le mandé el formato de su evaluación, llénelo y me lo manda… ya veré como se autoevalúa (retante el canijo jefe)”. Psss si ser jefe tiene su ciencia.
Las bonitas, esas evaluaciones de interacción, de esas donde se pone el panorama en la mesa, se ESCUCHA y se HABLA, de buena voluntad, bidireccional, esas son las que generan cuotas, las que ganan fieles adeptos (no lame-botas), de esos que (repito) generan respeto profesional no miedo por un jefe autoritario y medio soviético de esos de escuela “la letra con sangre entra”.
Sino, dejan puro traumado ahí por la vida y se crea el karma de que el siguiente empleado sea como esos que trataste así (si eres jefe) y te lo regresó la vida hasta-que-aprendas. ¡Epa! Por eso “nadie dura”, por eso “no se cumplen los objetivos”, por eso “no se dieron los números”, por eso… ¡¡también corren a los jefes!!.
Ahora que si no eres jefe, pues también se vale pedir -ser evaluado-, es más, con un poquito de talento en una de esas ni el jefe se da cuenta que te evaluó, ¡je!. Digo, así al menos tendrás una idea de por dónde desarrollarte y a qué apostarle en dónde estés.
Pero, como dice mi gurú Leopolo “dile a la gente lo que le tienes que decir, pero por el amor de Dios, ¡DILE!”.

como quisiera poder mandarle esto a mi ex-jefe de manera anonimaaaa!! jajaja